El costo social del “DESARROLLO”
Advertencia: La lectura de este Artículo disminuye
su aporte al desarrollo de Chile.
Si usted se ha detenido a leer este artículo, quiere decir que en este preciso instante no está trabajando, ni produciendo, ni aportando al desarrollo del país. Pero nadie se lo puede recriminar. Todos necesitamos a veces de un minuto de esparcimiento, de descanso o de soledad, aunque nos cueste cada vez más encontrarlo.
Resulta bastante común escuchar cada cierto tiempo, noticias que comunican del crecimiento, de estar en vías de desarrollo o de las ventajas que conlleva asociarnos a países ya desarrollados. Antes se hablaba de Coca-Cola y de Mc Donalds. Hoy, más avanzados, de TLCs y de Acuerdos de Cooperación que prometen impulsar el crecimiento y mejorar la calidad de vida de todos los chilenos.
Pero todo beneficio supone sacrificio. Cuando mencionamos la palabra desarrollo, lo hacemos en términos mayoritariamente económicos y eso supone a fin de cuentas que, para ser un mejor país, debemos trabajar más. Sólo así estaremos a la altura de los grandes y podremos tratarnos de tú a tú en comercio electrónico, economía digital o comunicaciones. Grandes palabras que se entienden primeramente a gran escala.
¿Cómo, en cambio, podríamos vernos afectados cada uno de nosotros? Quizás, del modo que apenas percibimos y que, de notarlo, nos sirve únicamente para quejarnos un minuto, para proponer un tema de conversación o para tener una excusa para escribir algún artículo, en uno de esos escasos momentos que nos quedan. Porque el problema radica, tal vez, en creer que sólo se obtienen mejores resultados con más horas de trabajo -aunque a fin de cuentas sólo sirvan para sacar la vuelta-, con una vida tan agitada y una agenda tan llena de actividades que poco tiempo nos queda para compartir con los demás -entiéndase familia y amigos- y para dedicarnos a los otros ámbitos de la vida.
El trabajo es parte fundamental de la vida del hombre, pero como parte no suple al todo. Es más, lo necesita. Es lógico que para poder subsistir y vivir cómodamente requiramos del trabajo, pero ¿de qué nos sirve si no es para disfrutar de sus logros? Las partes del todo se desequilibran. El homo faber amenaza con desplazar a las demás facetas del ser humano. Poco espacio queda para tantas denominaciones que uno u otro filósofo han intentado forjar en otra época para definir a la persona. Atrás deberían quedar, en este caso, el homo ludens de Huizinga, el zoón politikón de Aristóteles o el homo sapiens de los ilustrados del siglo XVIII. Porque el hombre escasamente juega, socializa poco y piensa menos no tiene tiempo para perder el tiempo; ahora trabaja y produce. Claro, siempre lo ha hecho y está bien que lo haga, pero todo tiene sus límites.
La crítica apunta, más bien, al enfoque y a la prioridad que se le pueda dar al trabajo. Difícil será valorar un momento familiar o una taza de café con un amigo si no lo hacemos en términos personales, sin importar las ganancias o pérdidas económicas. Lo positivo es, sin embargo, que mientras más escasos sean esos momentos, más valiosos puedan resultar, siempre y cuando se les considere en el ámbito que les corresponde.
El problema parece radicar, entonces, en los parámetros que elegimos para determinar un modelo de vida a seguir idealizando el concepto de “país desarrollado” -y en el sentido que le damos a los términos “crecimiento” y “calidad de vida”-. Admitámoslo, suele ser bastante materialista. Es el costo de ser un país en vías de desarrollo.
2 comentarios »
Deja un comentario
-
Archivos
- Junio de 2008 (6)
-
Categorías
-
RSS
Subscripciones RSS
RSS de los Comentarios

Compatriota: discrepo en algunos puntos de este “costo social”. He tenido la oportunidad de vivir en uno de estos países desarrollados y puedo decir que ellos, sin duda, en muchos aspectos laborales “producen más”..pero no por ello dedican más tiempo al trabajo. Al contrario de lo que muchos podrían pensar, en muchos de estos países la jornada laboral es más corta que en el nuestro.
Lo que ocurre, es que parte importante de nuestra pobleción cuando tiene que estar trabajando…esta “sacando la vuelta”…por ello es que lasjornadas laborales bastante extensas que tenemos no alcanzan para producir más.
Por eso, queridísimos lectores, no los invito a dejar sus espacios de comunión con sus familias, ni que dejen de disfrutar momentos de esparcimiento con los amigos…sino que los invito a hacer bien su trabajo. A dejar de conformarnos con el 4 (que con 4 se aprueba) sino que a aspirar sacar siempre un 7. Que así como queremos disfrutar a concho los tiempos libres, trabajemos a concho cuando estamos en el trabajo (o en el horario dedicado a él)..
Sólo así, con el granito de cada uno de nosotros, dejaremos algún día de ser “Chile: en vías de desarrollo”..
Trabajar para vivir, NO vivir para trabajar. Suena sensato, y hasta fácil de seguir, pero una vez en el sistema, la idea te come. Creo que, en este país– que por el momento es mi única referencia directa,– hay un mito urbano que todos sabemos lo es y aún así se establece como formal: si trabajas menos de 8 horas diarias, eres un mal trabajador. Para qué hablar de las horas extras. Sistema equivocado, mas las personas que pueden hacer algo no lo hacen. Estudios deben existir varios, mas se opta la tradición… Que se transforma en una tradición personal de encontrar cada vez menos tiempo de tener vida.
No es tan malo, podría ser peor. Debe existir la esperanza de que esto un día cambiará.