YA NI SIQUIERA SE PUEDE CAGAR TRANQUILO
No sé si cagar o defecar (que en definitiva es el término más adecuado) sea un placer para mí. Lo único que sé es que ya no lo puedo hacer con tranquilidad, y eso es un problema, pues para vestirme, estudiar o salir al mundo, necesito defecar. Hoy, no lo puedo hacer con la tranquilidad requerida. Estoy inquieto. Abro los ojos, me levanto para tomar un vaso de agua mineral y para abrir las ventanas e intuir cuántos grados harán, o como diría Alonso Djorcaef, para comprobar la insidia del sol sobre las cosas. Tomo uno de los libros pendientes que están sobre mi velador y camino hacia el baño. Hasta ahí todo perfecto.
Me siento en la tasa. Abro el libro que, por estos días, puede ser Alejandro Zambra, Andrea Maturana, Pedro Lemebel o Roberto Ampuero, y nada.
La otra vez vino a mi casa Juan Carlos Bodoque para proponerme escribir un guión sobre la mierda. Confieso que me entusiasmó la idea de reencontrarme con mi propia mierda. Hablamos de las cloacas, del destino de toda la mierda que evacua Santiago, de lo que no se ve. Citó la película “Quo vadis” para preguntarse legítimamente hacia dónde va toda esa mierda, y yo le contesté que podríamos trabajar una película que tuviera personajes animados en forma de mojones, usando plastilina. ¡A la mierda!
En todo caso, gracias a Bodoque, pude darme cuenta que tal vez, y digo tal vez entre comillas, esta estitiquez se deba más que nada a la mierda que me rodea. Hace un tiempo que estoy negando mis sentimientos hacia la gente, incluso hacia las mujeres. Cuando hablo con mi conciencia en las noches, extrañamente me pregunto:
-Si tuvieras que escoger entre literatura y amor, ¿qué escogerías?
-No te entiendo
-Si tuvieras que elegir entre un buen libro y una buena mujer, ¿qué harías finalmente?
Alonso Djorcaef me contesta por teléfono que una buena mujer, porque un buen libro está seguro que podría escribirlo sin problemas. En cambio, yo me inclino por un buen libro. Sin embargo, aún no entiendo porque no se pueden tener ambas cosas. ¿Acaso un buen libro no se hace con amor? Mi conciencia responde estúpidamente que no, que se hace con trabajo y con cierto sacrificio. ¿Pero acaso una buena mujer no ayudaría a tomar las cosas con más calma cuando la escritura se convierte en vorágine?
La otra vez conocí una hermosa mujer y, por primera vez en mucho tiempo, creí que era posible mezclar un buen libro con amor. Sin embargo, la desilusión opera con eficiencia en mí en estos momentos de debilidad. O, bueno, no sé si sea debilidad o superstición. A veces soy tan supersticioso, o tan católicamente educado al escribir algo, que imagino que es mejor conformarse con una sola cosa. “La cuestión radica en administrar bien tus talentos”, recuerda mi católica memoria. Y entonces vienen las interrogantes: ¿Y si no soy una buena pareja?, ¿y si no estoy llamado para el amor? Aunque aquí sería un buen consuelo que, al igual que Dios, el amor no existiera.
Hago memoria, recuerdo la ultima de mis parejas y, sin duda que el odio siente hacia mí, responde las interrogantes. Pero no es precisamente este odio el que me intranquiliza. Sé que hay gente que me odia. ¡Bien por ellos! En su lugar, me comportaría de la misma manera.
Lo que me mata, realmente, es esta mierda que me rodea. No soy capaz de verla realmente, tampoco de oírla. Sólo la siento, o mejor, la presiento como se presienten a los fantasmas.
Intento de nuevo. Es otra mañana. Recuerdo la famosa frase de Hemingway, “the sun also rise”. Después de lo habitual, estoy sentado en la taza nuevamente, esperando la novedad.
El turno ahora es de Anwandter. Recuerdo que se ha casado. Cojo el poema “Bar” y leo: “No sabe aquel lo que gana un hombre cuando pierde una mujer”. Es un primer verso y está en cursivas. Le doy vueltas al asunto. Aplico el verso a mi vida personal, al matrimonio del mismo autor en Valdivia, a la vida de algunos que jamás tuvieron vida. No sé qué me pasa, pero intento llorar, y en vez de eso, defeco por primera vez en mucho tiempo. Me relajo, pero al ver que no he podido llorar, me entristezco, como si hubiera perdido algo. No es mi mojón. Es algo peor y lloro, y entre la pena, articulo unas palabras: Ya ni siquiera se puede cagar tranquilo.
1 comentario »
Deja un comentario
-
Archivos
- Junio de 2008 (6)
-
Categorías
-
RSS
Subscripciones RSS
RSS de los Comentarios

mmm… =/ me suena a “La insoportable levedad del ser” o más aún a “Trópico de Cáncer”… ¿has leído alguno de esos libros? Yo creo que te gustarían…
sobre el texto… eeehhh ¿has pensado en ir al psicólogo? o por último anda a que te escuche un curita ellos tienen harto tiempo xD jaujauajau… nahh bromits…
bsos niños, ahí tamos al habla y te seguiré leyendo, pero no me presiones…
Oie, yo tb tengo blogs!!!
(eso si creo que soy un poco más ociosa =$ tengo caleta!)
Anote:
http://nitanfresa.wordpress.com
http://cotyta.blogspot.com
http://cotymartinez.blogspot.com
http://enreversa.blogspot.com
Ya ahí charlamos!!!